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SAMSARA

VÍCTOR ULLATE BALLET
COMUNIDAD DE MADRID

EL BAILARÍN SOBRE EL ESPACIO


Título: Samsara
Coreografía: Víctor Ullate
Música: Varios artistas
Escenografía: Paco Azorín
Vestuario: Ana Güell
Iluminación: Incolás Fischtel (A.A.I.)
Maestro de Tai Chi: Pedro Valencia
Iluminación: Tatiana Reverto
Sonido: Miguel Lizarraga
Sastrería: Paquita Redondo
Pianista: Alexander Khvedkevitch
Fotografía: Jesús Vallinas
Asistente de Dirección: Ruth Maroto
Asistente artístico: Jean Christophe Lesage
Comunicación: Javier García
Director Administración: Carmelo Barrera
Administración: Marisa Álvarez
Gerencia: Isabel Rufino
Coordinación técnica: Antonio Regalado
Maquinaria: Lucas Valentín
Regiduría: Ruth Pascua
Secretaría: Natalia Depaola/David Moreno
Bailarinas: Natalia Arregui, Zará Calero, Sophie Cassegrain, Leire Castresana, Eri Nakamura, Ana Noya, Cristina Pizzardini, Marta Rodríguez-Coca, Rebeca tabeada, Mónica Tardáguila, Natalia Tapia
Bailarines: Dorian Acosta, Piotr Czubowicz, Leonard Ángel, Xabier Irurzun, Raúl Montes, Reinol Morales, Yevgen Uzlenkov, Arij van Giesen, Rubén Ventoso, Luca Vetere
Director General: Víctor Ullate
Director Artístico: Eduardo Lao
(Ballet Neoclásico)
País
: España
Estreno absoluto (Comunidad de Madrid)
Duración: 1 horay 45 minutos (sin intermedio)
Estreno en Madrid: Teatro Madrid,
21 – IV - 2006.

PIOTR CZUBOWICZ/RUBÉN VENTOSO

YEVGEN UZLENKOV/ NATALIA TAPIA

Nunca se puede afirmar que “algo” es lo mejor, ya que todos los “algos” están muy condicionados por la época y sobre todo por lo que los griegos llamaban el “kairós griego”, es decir el “tiempo oportuno”. Hecha esta salvedad, mi primera impresión con respecto a Samsara es que si no es lo mejor que Víctor Ullate ha creado, sí es una de las mejores creaciones coreográficas. Es “algo” como más terminado y más unitario en su conjunto, y de una limpieza formal de líneas lograda sea por el dibujo coreográfico, sea por el cuerpo de bailarines que, tanto a nivel de solistas como de coreúticos muestran sobriedad, seguridad, sincronía y precisión en los desplazamientos y confección de figuras. Todo este cúmulo de virtudes es, tal vez, lo que al final a una espectadora, avezada en años, le hizo exclamar, juntando sus manos como en una plegaria: “¡Qué bonito!”
 

ANA NOYA
Por declaraciones del propio Ullate la idea surge de una experiencia personal - el susto de su corazón, un tanto cansado, pidiendo detenerse - y las vivencias orientales en uno de sus viajes. Ese descubrir un mundo nuevo en el que la esencia del ser humano es la bondad, lo ha plasmado escenográficamente – otro de los aciertos en cuanto a concentrar una gran expresividad en un elemento muy sencillo – en el ojo cerrado proyectado al fondo que sólo se abrirá al final. Las vivencias orientales las resumen en una serie de frases, procedentes de autores de oriente y otros, que corren paralelos a los místicos y espiritualistas occidentales. Otro de los elementos paraballetísticos que utiliza es la proyección de una serie de imágenes que muestran las atrocidades físicas y psíquicas a las que es capaz de llegar el ser humano.

El recurso a las crueles imágenes – la vida misma que nos rodea -, a los místicos textos en pro de un hombre nuevo y a la danza – que narran la crueldad y la ansiada paz – construyen lo que Víctor Ullate ha titulado Samsara y que en la filosofía budista se refiere a un ciclo sin esperanza que se repite indefinidamente una y otra vez y nos causa grandes sufrimientos. En su concepción el placer duradero y la eliminación del dolor no son posibles. La mirada de Ullate guiada por la mística oriental – la occidental también lo tiene – intenta que, a pesar de esas atrocidades intrínsecas a la vida misma, es posible comportarse como un verdadero ser humano, cuya esencia es tener buen corazón.

La selección de estos textos – 14 en total – le lleva a concebir 14 coreografías, de las cuales la primera y la última son como la apertura y cierre emocional del grupo (la colectividad humana). A cada coreografía le precede un texto. No se trata de visualizar coreográficamente la composición literaria, sino que, en todo caso, ésta vendría a ser la contrafigura de las emociones y sentimientos que provocan las danzas, algunas de las cuales plasman ese mundo de dolor o abuso.

A pesar de ser coreografías “sueltas”, en principio, que relatan diversas situaciones humanas, se consigue un todo unitario, gracias al mantenimiento de un mismo estilo, el neoclásico con abundantes pinceladas bejartianas. No se vive un espectáculo fraccionado.

Un sugerente vestuario y una evocadora iluminación completan el éxito.

Destacar una coreografía más que otra no es fácil, ya que cada una de ellas posee entidad y perfección. Llama la atención Eri Nakamura. Muestra unos movimientos gráciles y sobre todo sabe trabajar con unas puntas sin aparente esfuerzo, hasta hacerlas connaturales a su propio cuerpo.

Ana Noya, vuelve a mostrar una vez más su delicado lirismo intimista y su sentido del movimiento.
 
Hay una coreografía que llama la atención: la dedicada al amor gay, encarnada en la causa palestina, cuyas enlutadas mujeres, oprimidas por sus hábitos, ha ofrecido una danza de tensión. El tema surge en Ullate al enterase del asesinato de dos hombres por el hecho de amarse y compone una coreografía para dos bailarines – Piotr Czubowicz y Rubén Ventoso - en un bello y bien construido paso a dos que narra espléndidamente los dos momentos emocionales: el amor de ambos y la muerte. La fusión amorosa se consigue mediante la composición de los dos cuerpos y las líneas de brazos y piernas en un todo armónico.
PIOTR CZUBOWICZ/RUBÉN VENTOSO

Prácticamente parece una única figura. Se consigue transmitir la emoción lírica más allá de la simple atracción física. La muerte de ambos es todavía más impactante al recurrir a imágenes de temblor que nos recuerdan los trémulos movimientos clásicos de La muerte del cisne. Al ser un paso a dos muy unitario en movimientos, no es fácil. Tanto Piotr como Rubén logran hacer del lirismo moroso y del patetismo de muerte algo convincente. Este paso a dos podría formar perfectamente una pequeña coreografía argumental, que unido a la coreografía de las enlutadas y oprimidas mujeres pueden formar un todo balletístico.

A destacar el paso a dos de Yevgen Uzlenkov (su sólo es de una gran madurez) y Natalia Tapia.
 
Un elemento común que felizmente invade a todo el espectáculo es el lirismo, tanto de muerte como de vida.

La duración es de 1 hora y 45 minutos sin intermedio. Es necesario que no lo tenga para no interrumpir la tensión que se va creando. Por otro lado esa hora y 45 minutos, no coincidecon la del reloj, pues pasa volando. Quiere decir que se ha dado con el ritmo.

Dicho todo esto, viene la apostilla. Tengo la sensación de que la proyección de los textos sobra y, en parte, pueden confundir al público, puesto que éste intenta ver la traducción plástica del texto en la danza. Pronto descubre que no es así.

El que se trata de una coreografía inspirada parece que se debe a que se parte de una idea muy vivida, meditada y auténtica y a que unos bailarines en buena forma y con une estilo muy asimilado son los protagonistas. Como nunca el cuerpo del bailarín resalta sobre el limpio espacio y su cuerpo es la línea en movimiento llena de emoción.


José Ramón Díaz Sande
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