La camisa. L. Olmo. Reseña 1995. Crítica Imprimir
Escrito por Jerónimo López Mozo   
Viernes, 06 de Marzo de 2015 08:48

resena 1996 n 268 enero b 

LA CAMISA
PARCO HOMENAJE



Lauro Olmo
 estrenó en 1962 La Camisa con gran éxito. Después quedó aparcado como dramturgo, aunquevarios desus textos se estrenaron. Fue hombre polémico y sensible a las injusticias y acontecimientos político-sociales de nuestro País. Con motivo de su muerte y como homenaje se volvía a reponer La Camisa, y aquí presentamos la crítica que en su momento Jerónimo López Mozo publicó en Reseña. La crítica terminaba con un deseo:

"Es posible que cumplido este trámite necrológico, tardemos en ver representada otra obra suya. Seguirá siendo el autor de La camisa y nos quedaremos sin conocer el verdadero valor de su otro teatro, sobre todo el de esas piezas breves en que a su compromiso social añadió una aproximación a estéticas más atrevidas y actuales".

En este 2015 con la dirección de Manuel Canseco y por deseo de Ernesto Caballero por recuperar la voz de Lauro Olmo se ha estrenado La pechuga de la sardina (1963)

RESEÑA, 1996
NUM. 268, pp.20-21

 

 

   lauro b
   LAURO OLMO
FOTO: ARCHIVO

Tres décadas después de su estreno, se repone uno de los textos emblemáticos del teatro español de la segunda mitad del siglo: La Camisa, de Lauro Olmo. Se plantea como homenaje al autor fallecido hace algo más de un año, pero, en realidad, es un intento de tardía reparación del poco caso que, en vida, le prestaron quienes, en mayor o menor medida, tenían la responsabilidad de llevar sus obras a los escenarios.

Cuando en 1962 se representó por primera vez, los aspectos más valorados de este drama popular fueron el argumento - una cruda estampa de los problemas sociales que sacudían la España de los años sesenta: el paro y la obligada emigración para paliar el hambre y la miseria moral -, el lenguaje - tomado de la calle, en la que Lauro tuvo su casa y su primera escuela, y eleva do, sin perder sus señas de identidad, a categoría literaria -, la definición de los personajes - retrato naturalista de seres humildes perfecta mente reconocibles - y, en fin, la habilidad para moverlos con soltura, en un escenario en el que se recrean simultáneamente varios espacios. Las reservas formuladas por parte de la crítica, que no del público, y no tanto en el momento del estreno, sino más adelante, se referían a la rígida estética realista empleada. Se reconocían las huellas de Arniches - para algunos se trata, más que de un drama, de un sainete, eso sí, con apellidos: poético, amargo o dramático - y se la emparejaba con Historia de una escalera, de Buero, estrenada trece años antes. Se echaba de menos la nula ambición innovadora y, para quienes estaban al cabo de la calle, su alejamiento de las tendencias dominantes en el teatro europeo.

Lo que entonces se dijo, vale para esta reposición. Únicamente habría que añadir, respecto a quienes la han hecho, que su trabajo desprende aromas de teatro antiguo - el director y el escenógrafo participaron en su lejano estreno -, que es brillante, sin excepciones, y que está impregnado de una emoción profunda que se desborda cuando, a la hora de los saludos, los principales actores depositan flores en el suelo en memoria del autor ausente. González Vergel ha dirigido La camisa como lo hizo entonces, con fuerza, encontrando el ritmo que la acción exige en cada momento y manteniendo lo que de coral tiene la obra, que es mucho, pero, al tiempo, desvelando la carga íntima que lleva dentro cada personaje. Introduce dos rupturas que quiebran levemente el riguroso realismo del espectáculo: una es la congelación de la acción cuando, durante la cena, los personajes escuchan la sintonía de Radio Nacional, y la ralentización de los movimientos en algunas escenas; otra, la supresión de lo que podríamos llamar pequeña utilería. Así, las frascas y los vasos aparentan contener vino, la palangana agua, el cucurucho de papel tomates, los platos comida ... A Lauro le hubieran parecido bien estos detalles de la dirección. La escenografía  de Mampaso es un calco, con mínimos retoques, de la que hizo en el 62 y, como aquella, resulta funcional y verista.

Los actores se entregan sin reservas. Destacan Julia Martínez y Manuel Gallardo en la pareja protagonista. Culminan su buen trabajo en la escena de la despedida. Y brillan dos actrices veteranas: Elvira Travesi, que contempla con mirada profunda y dura el drama en que ella misma participa, y Queta Claver, que llena el escenario y lo domina tan pronto como pone los pies en él. Teófilo Calle transmite el aliento poético que posee su personaje, el tío Maravillas, vendedor de globos de colores y falso creador del arco iris. Hasta los más jóvenes del reparto, en los que reconocemos al golfo de bien que debió ser, de niño, Lauro, salen airosos del trance y creemos advertir en su habla, un antiguo deje madrileño que en los mayores apenas se percibe o aparece muy difuminado.

Es inoportuno el intento de acercar la obra a la actual problemática. Se hace una introducción elaborada con informaciones de la prensa en torno a la emigración actual y al racismo que se extiende. Están mal traídos estos añadidos, porque la situación de entonces no se parecía a la de ahora. Aquellos españoles castigados por el paro que Lauro Olmo retrató, emigraron hacia unos países necesitados de mano de obra. Fue una aventura traumática, pero alivió el hambre de muchos y evitó, tal vez, un estallido social. Los parados de hoy no tienen a don de emigrar, de ahí el rechazo con que son recibidos quienes buscan en Europa un asilo que se les niega porque son tenidos por rivales indeseables en la lucha por los escasos puestos de trabajo disponibles. La obra de Lauro vale por lo que tiene de testimonio de otra época. Hablar de lo que pasa hoy requeriría otro argumento y otra estética. El ingenuo intento de mostrar La camisa como una obra rabiosamente actual, delata una cierta desconfianza sobre su vigencia.

Y hay más. No es esta reposición el homenaje que necesitaba su autor. Eligiendo esta pieza entre el resto de su producción - buena parte inédita y nunca representada -, se viene a dar la razón, quizás involuntariamente, a quienes consideran que Lauro fue autor de una sola obra meritoria, que nada escribió después o que, si lo hizo, no merecía la pena. Esta representación hubiera tenido sentido en el marco de una más amplia revisión de su obra, tarea que nadie parece dispuesto a emprender. Así, no. La camisa fue el éxito de su vida y su maldición. Él lo sabía y en más de una ocasión lo lamentó. Es posible que cumplido este trámite necrológico, tardemos en ver representada otra obra suya. Seguirá siendo el autor de La camisa y nos quedaremos sin conocer el verdadero valor de su otro teatro, sobre todo el de esas piezas breves en que a su compromiso social añadió una aproximación a estéticas más atrevidas y actuales.

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  LA CAMISA (Estreno 1962)

Título: La camisa
Autor: Lauro Olmo.
Dirección: Alberto González Verge.
Escenografía y figurines: Manuel Mampaso.
Intérpretes: Elvira Travesi, Rafael Aladro, Jesús Molina, Luis Marín, Analía Ivars, Ramón Quesada, Manuel Gallardo, Carmen Latorre, Teófilo Calle, Olivia Zurbano, Queta Claver, Ramón Pons, Dionisio Salamanca, José Antonio Ferrer y Julia Martínez.
Estreno en Madrid: Teatro Bellas Artes, 10 - XI - 95.

Más información
   
 La pechuga de la sardina. Olmo.2015
    La pechuga de la sardina. Olmo.Entrevista

JERÓNIMO LÓPEZ MOZOl mozo
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Última actualización el Viernes, 06 de Marzo de 2015 09:47