Maldito sea el hombre. A Liddell. Crítica Imprimir
Escrito por Eduardo Pérez Rasilla   
Lunes, 23 de Mayo de 2011 17:25
 

MALDITO SEA EL HOMBRE QUE CONFÍA EN EL HOMBRE: UN PROJET D’ ALPHABÉTISATION 

El espectáculo es rico en momentos intensos

MALDITO SEA EL HOMBRE QUE CONFÍA EN EL HOMBRE:

UN PROJET D’ ALPHABÉTISATION

 

FESTIVAL DE OTOÑO EN PRIMAVERA

 

 
 FOTO: LAURA M. LOMBARDIA

Así dice Yavé: Maldito el hombre que en el hombre pone su confianza, y de la carne hace su apoyo, y se aleja de Yavé su corazón”. Esta cita, procedente del libro de Jeremías (17,5) proporciona el título (al menos su primera parte) del último espectáculo de Angélica Liddell. La creadora dice haber escuchado por primera vez esta inquietante imprecación en una película de Pier Paolo Pasolini, desde el que relee la maldición bíblica como desesperada constatación de la indignidad humana.  Si Jeremías advertía a los suyos de los peligros del engreimiento y de la soberbia y les conminaba a depositar su confianza en Yavé, en vez de hacerlo en sus propias fuerzas, Angélica Liddell ha prescindido de los dioses, pero ha tomado conciencia de la imposibilidad de fiarse del ser humano, marcado indeleblemente por la maldición que lo convierte en un ser inicuo, carente de bondad. El viaje de la creadora hacia la cita bíblica pasa por la lectura de una Anna Karenina que ha experimentado  la pérdida definitiva de su inocencia y se ha deslizado por la pendiente de la desesperación. El odio es la última etapa de este viaje, un odio que incluye a su propia persona y,  desde  ella  misma, a todos los demás. Esta actitud exige reformular la experiencia vital y el balbuceo del aprendizaje de un idioma presta las herramientas para la observación extrañada de la vieja realidad conocida y la consecuente posibilidad de renombrarla.

        

Maldito sea el hombre que confía en el hombre comienza precisamente con una clase de lengua francesa para niñas, a las que se les enseña el alfabeto con una relación de ejemplos que servirán después de pauta para las escenas del espectáculo propiamente dicho, en el que esas palabras pierden su inocencia primigenia para mostrar la brutalidad obscena de las relaciones y las conductas humanas. Miserias como la violación infantil, la hipocresía social, la xenofobia y otras muchas formas de violencia y opresión se entrecruzan a lo largo de este espectáculo, acaso más elaborado formalmente y más pulcro que otros trabajos de Angélica Liddell, aunque no por ello menos crítico ni  menos  ácido e  incisivo.

 

Sin embargo, parece advertirse alguna evolución en su poética, que resulta ahora más humorística y más delicada también.  Algunos elementos del espectáculo, como la asociación de la música de Schubert a una pureza que no deben marchar las manos que tocan el piano, recuerdan a Gólgota picnic, la última producción de Rodrigo García mostrada en Madrid.  Si en esta era la música de Haydn ejecutada al piano en un escenario en el que estaba ausente cualquier otra acción física que pudiese enturbiar  el majestuoso concierto, en Maldito sea el hombre que confía en el hombre, el piano permanece sólo en el escenario mientras se reproducen una y otra vez las notas de la partitura de Schubert ante la actitud reverencial de las dos actrices, que lo escuchan extasiadas. Estas dos actrices, la propia Angélica Liddell y Lola Jiménez, configuran una suerte de hilo conductor en la primera parte del espectáculo: mantienen una afectuosa relación de camaradería y acometen el proyecto común del viaje a París, mezcla de viaje iniciático, búsqueda de la utopía y descenso a los infiernos de la maldad y de la estupidez humanas. Hay retazos de conversación, pero predominan los monólogos o los movimientos coreografiados y las relaciones con objetos diversos, que componen escenas en las que se glosan irónicamente las palabras que aprendían las niñas en la escena que servía como prólogo del espectáculo. Y todo ello contrapunteado con las acciones de los acróbatas orientales, que aportan notas de levedad,  de belleza estética y hasta de humor, pero también remiten a esa otredad sobre la que la que el espectáculo – y el teatro de Angélica Liddell en su conjunto - se propone reflexionar.

 

El espectáculo es rico en momentos intensos, en pasajes de escritura   brillantes, en escenas sugerentes, en imágenes poderosas, pero muestra también momentos de debilidad, singularmente en la segunda parte. Por ejemplo, el dilatado monólogo del actor Fabián Augusto Gómez, parece repetitivo y previsible, cuando no truculento, pero, sobre todo, es su interpretación emocional y melosa, la que proporciona un inopinado e innecesario tono moralista, que contrasta con el trabajo distanciador y extrañado de Angélica Liddell y Lola Jiménez. Mientras la interpretación de estas actrices  llama la atención por su potencia y por su capacidad de  suscitar el sarcasmo, el trabajo de este actor provoca un inevitable decaimiento.  Sin embargo, el espectáculo se recupera en sus escenas finales, en las que se construye una espeluznante estructura con figuras que representan seres humanos lacerados, que recuerda por momentos a algunos de los espectáculos de Kantor.  Y merece singular reconocimiento la iluminación impecable que firma Carlos Marqueríe.

 

Título: Maldito sea el hombre que confía en el hombre: un projet d’alphabétisation

Escenografía, vestuario: Angélica Liddell

Escultura: Enrique Marty (Pieza cedida por Deweer Gallery - Otegem, Belgium)

Diseño de iluminación: Carlos Marquerie

Profesor Taichi y coreografía: Ángel Martín Costalago

Realización de escenografía: Light Expo, Josune Cañas

Taxidermia: Arte Ibérico, S.L.

Banco de Taxidermia: Faustino Álvarez

Realización de complementos: Roslía Polo

Técnico Disklavier: Adam Casanova (Piano Importa)

Pianista grabación funciones: Alina Artemyeva

Traducción: Christilla Vasserot

Intérprete chino-español: Saité Ye

Jefe Técnico: Ernesto Ruiz

Maquinista: Renald San Miguel

Técnico de iluminación: Octavio Gómez

Sonido: Félix Magalhães

Regiduría: Carmen Menager

Producción y Logística: Mamen Adeva

Producción ejecutiva: Gumersindo Puche

Producción: Iaquinandi S.L.

Coproducción: Festival de Otoño en primavera y Festival d’Avignon

Con el apoyo de: Comunidad de Madrid y Ministerio de Cultura –INAEM

Agradecimientos: Teatro Auditorio San Lorenzo de El Escorial, Carmen López Mendoza y Escuela de Teatro La Lavandería, Luis Vivó, Tate, Eduardo

Vaquero, La Realidad, Ludmila Winogradow y Tatiana Arias.

Y EN ESPECIAL a María José F. Aliste.

Intérpretes: Fabián Augusto Gómez, Lola Jiménez, Angélica Liddell, Carmen Menager y Johannes de Silentio

Acróbatas: Xiaoliang Cao, Jihang Guo, Sichen Hou, Haibo Liu, Changsheng Tian

Voz en “off”: Christilla Vasserot

Y las niñas: Ana Boston, Alba Braybrooke, Florence Braybrooke, Alicia Díez, Lara Lussheimer, Carmen Montplet, María Morales, Paloma Paniagua y Blanca Torrado

Dirección: Angélica Liddell
País:
España
Idioma: Español

XXVIII Festival de Otoño en Primavera

Duración aproximada: 2horas y 30 minutos (con intermedio)

Estreno en Madrid: Matadero (Naves del Español) (Sala 1), 19 – V - 2011

 
FOTOS: ANGÉLICA M. LOMBARDIA

 

Eduardo Pérez – Rasilla
Copyright©pérezrasilla


Matadero madrid

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Cercanía: embajadores

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y Tel-entrada (24 horas) 902 10 12 12

 

Última actualización el Sábado, 13 de Agosto de 2011 14:48