Falstaff. Lima. Crítica Imprimir
Escrito por José R. Díaz Sande   
Lunes, 02 de Mayo de 2011 15:52
 

FALSTAFF

LA HUMANIDAD DE UN FILÓSOFO 

Un espectáculo cercano y que no deja indiferente. 

FALSTAFF

LA HUMANIDAD DE UN FILÓSOFO

 

FOTO: VALENTÍN ÁLVAREZ

A Falstaff se le ha conocido divulgativamente, como imagen,  a través de la ópera de Gisueppe Verdi, aunque su creador haya sido William Shakespeare en Las alegres comadres de Windsor y sus Enriques. Otra cosa es que la ópera se haya oído tanto como las óperas más populares de Verdi. Para el gran público reapareció con protagonismo a través de Orson Welles en Campanadas a Medianoche, una película considerada como española por su producción, aunque el reparto protagonista fuera anglosajón. Orson Welles daba vida al orondo y vividor Falstaff y, desde entonces, la imagen de Falstaff tiene el rostro de Orson.

 

Andrés Lima y Marc Rosich han retomado la figura para el teatro en un montaje de tres horas y cuyo proceso creativo puede verse en www.madridteatro.net. La figura de Falstaff la han sacado a partir de Enrique IV - primera y segunda parte -, Ricardo II, Enrique V y dos frases de Las alegres comedias de Windsor,  de Shakespeare, fundamentalmente echando una ojeada al guión de Orson Welles. Quiere decir que hay un  trabajo de adaptación – en las lindes de la pura creación en castellano – y dramaturgia de gran valor. Resulta un texto unitario y con un lenguaje – verso libre – que llega muy comprensible al espectador huyendo de cualquier arqueología y ampulosidad.

 

La estructura está construida mediante la alternancia de dos espacios: la corte de de los reyes con sus castillos y campos de batalla, y la taberna, reino de Falstaff  y su corte de marginados. A estos espacios se le añade un tercero: el del maestro de ceremonias que comenta – la labor crítica del coro griego – y anuncia las transiciones a otros espacios, así como la descripción de las batallas. Tal maestro lo encarna el propio Andrés Lima, fundiéndose en él el personaje shakesperiano de El Rumor con el del director de este montaje. De este modo se crean tres espacios: 2 narrativos – la corte y la taberna – y un tercero que rompe la batería – un discreto brechtianismo -, que entabla el diálogo con el público. Esta concepción de los tres espacios es un acierto y permite la agilidad y la creación del ritmo total.

 

Lo más destacable es el propio texto que consigue cohesión, unidad y trasmitir eficazmente los enjundiosos y filosóficos monólogos de Falstaff, que sin dejar de ser un bufón, representa una gran profundidad y humanidad. Este Falstaff además de narrar la historia de un período que termina por tener valor universal, es sobre todo las reflexiones de un filósofo ante diversos conceptos de la vida humana que emite con ironía y a la vez sensatez. Reflexiones que no caen en el discurso teórico, sino que encuentra su traducción teatral. Y lo más importante. Llegan con sencillez y claridad al espectador.

 

A nivel de interpretación, con buena dosis de coralidad, llama la atención, favorablemente, el intercambio de los personajes en los mismos actores – la corte y la taberna -, hasta el punto  de que, en algunos, su transformación es irreconocible y parece como si fuera otro nuevo actor. La rapidez de cambio de personalidad, en vestuario y pelucas, es, casi, obra de un mago.

 

Aunque todos los actores mantienen un elevado grado interpretativo, Pedro Casablanc en la piel de Falstaff es realmente admirable, creíble y llena de vida. Su orondez – labor de caracterización, apósitos y maquillaje – está perfecta y el resultado es un ser a medias entre la aparente superficialidad, la sesudez y un toque circense de payaso que le aporta más humanidad. Es, posiblemente, una de sus mejores interpretaciones. El resto de los actores muestra un buen estilo interpretativo unitario y cada uno nos entrega con credibilidad su personaje. Destacar uno más que otro no sería justo.

 

De alabar la austera escenografía; una tarima y unas escaleras móviles que pueden adquirir y evocar  los diversos espacios. La fluidez de las escenas y el ritmo es otra de las virtudes de un espectáculo de tres horas, que sólo en la segunda parte – ya con más de dos horas de espectáculo – muestra la existencia de la “duración”.  

 

Este Fasltaff se nos revela como el filósofo de la vida humana que nos entrega los auténticos valores del ser humano. Un espectáculo cercano y que no deja indiferente.

 

Título: Falstaff

Adaptación: Marc Rosich y Andrés Lima (sobre textos de William Shakespeare: Enrique IV (1ª y 2ª parte), Ricardo II, Las alegres comadres de Windsor)
Traducción: Marc Rosich

Música: Nick Powell

Escenografía y vestuario: Beatriz San Juan

Iluminación: Valentín Álvarez

Caracterización: Cécile Kretschmar

Diseño de cartel: Peret

Fotos: Valentín Álvarez
Vídeo-clip: Paz Producciones

Producción: Centro Dramático Nacional

Intérpretes (por orden alfabético): Chema  Adeva (Mortimer/Pato), Raúl Arévalo (Príncipe Enrique), Jesús Barranco (Rey Enrique IV), Sonsoles Benedicto (Simple/Northumberland), Alfonso Blanco (Loco), Pedro Casablanc (Falstaff), Alfonso Lara (Worcester/Poins), Andrés Lima (El Rumor), Carmen Machi (Arzobispo/Doña Rauda), Rebeca Montero (Dora Rompesábanas/Lay Mortimer), María Morales (Westmoreland/Lady Percy), Rulo Pardo (Glendower/Pistola), Ángel Ruiz (Príncipe Juan Lancaster/Bartolo), Alejandro Saá (Espuela ardiente / Justicia).

Dirección: Andrés Lima
Duración: 2 horas 45 minutos (aprox.) incluido un intermedio

Estreno en Madrid: Teatro Valle Inclán, 18 – III – 2011 

 
 
 FOTOS: VALENTÍN ÁLVAREZ

 

 


José Ramón Díaz Sande
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Última actualización el Sábado, 13 de Agosto de 2011 14:30