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Soledad y ensueño de Robinson Crusoe. Crítica. PDF Imprimir E-mail
Escrito por Eduardo Pérez Rasilla   
Sábado, 06 de Febrero de 2010 15:33

SOLEDAD Y ENSUEÑO DE ROBINSON CRUSOE
LA REVISIÓN IRÓNICA DE UN CLÁSICO

[2008-05-07]

En los primeros años de la década de los ochenta, Ignacio del Moral escribe Soledad y ensueño de Robinsón Crusoe, una inteligente relectura de la célebre novela de Defoe.


SOLEDAD Y ENSUEÑO DE ROBINSON CRUSOE
La revisión irónica de un clásico

Título: Soledad y ensueño de Robinson Crusoe
Autor: Ignacio del Moral
Escenografía: Joxan Artano - David Lorente
Iluminación: José Casado
Música: Mario Lorente
Sonido: Manuel Maldonado
Vestuario: Sol Curiel
Ayte. Vestuario: Lisa Bassi
Ambientación Vestuario: María Calderón
Caracterización-atrezzo: Raquel Rodríguez
Fotografía: Carlos Bandrés
Ayte. Producción: León C. Bonilla
Es una producción de Luis Caballero para Teatro
el Cruce
Ayte. dirección: Inés Enciso
Intérpretes: Pepe Viyuela (Robinson),
Jaime Martín (Viernes), Felipe Andrés
(madre y varios), Víctor Barba (Padre y varios)
Dirección escénica: David Lorente
Reestreno en Madrid: Teatro Alfil, 11 – III -2008

PEPE VIYUELA

FOTO: CARLOS BANDRÉS
(FONDO: RECONSTRUCCIÓN DIGITAL)

En los primeros años de la década de los ochenta, Ignacio del Moral escribe Soledad y ensueño de Robinsón Crusoe, una inteligente relectura de la célebre novela de Defoe.  La llevó entonces a los escenarios Ernesto Caballero, que ha colaborado asiduamente con del Moral. A finales de la década de los noventa, Juan Manuel Joya escenificó de nuevo el Robinsón en un interesante montaje que se exhibió en la sala Ensayo 100. Ahora, David Lorente acomete de nuevo la tarea y recurre para ello a ese excelente actor que es Pepe Viyuela, quien, como cabía esperar, proporciona un interesante tratamiento del personaje de Robinson imaginado por del Moral.
 


PEPE VIYUELA/FELIPE ANDRÉS
FOTO: CARLOS BANDRÉS

 

La mirada del dramaturgo transforma al protagonista en un personaje anti heroico, con conciencia de sus limitaciones, y con esos rasgos tan frecuentes en los personajes de Ignacio del Moral: una cierta torpeza personal, que los hace cómicos, y una notable dosis de ingenuidad y ternura. Pero lo más interesante de este Robinson hay que buscarlo  en que, frente al protagonista de la novela, que imponía sus modelos culturales, morales, religiosos y sociales, y no se planteaba la posibilidad de obrar de una manera diferente, el personaje del drama va comprendiendo paulatinamente la arbitrariedad de esas convicciones, lo que le lleva a renunciar a su pretendida superioridad y a convivir con Viernes, con quien establece una curiosa relación fraternal, muy alejada de la que sugerirían los rancios prejuicios socioculturales impuestos por el modelo familiar en el que ha sido educado.
 

PEPE VIYUELA
FOTO: CARLOS BANDRÉS
Esta nueva escenificación –muy distinta de la anterior -  es austera en lo que a resolución y medios materiales se refiere, y descansa sobre el humor, apoyado en el estimable y comprometido trabajo de Pepe Viyuela, generosamente entregado a la tarea de componer un personaje destinado  a comprenderse a sí mismo a través de la extrañeza que impone una situación insólita, pero irreversible, que termina por derribar sus barreras y sus expectativas de regreso a un mundo que cada vez se le va haciendo más lejano, inconsistente  y fútil.  Su actuación es exuberante y físicamente intensa. Se sirve de recursos propios de la farsa y hasta del clown, pero sin perder nunca ese horizonte de humanidad que es constitutivo del personaje. El resto del elenco realiza una labor voluntariosa, pero, es preciso decirlo, su nivel de calidad es muy inferior al del protagonista, aunque su trabajo resulte digno.  El director de escena ha optado por asignar el personaje de la madre a un actor varón, decisión que resulta poco justificada y que no funciona adecuadamente, como tampoco se ha acertado, en mi opinión, en la escena relativa a la eventual relación sexual entre Robinson y Viernes, demasiado evidente en esta escenificación, cuando el texto parece apuntar a algo más sugestivo, que es la incertidumbre y la ambigüedad, destinadas precisamente a poner en cuestión las férreas e inamovibles convicciones de un  Robinson ajeno a sí mismo y desubicado física y moralmente. Por lo demás, nos encontramos ante un trabajo interesante,  ante un texto atractivo y lúcido y ante una interpretación ejemplar.


Eduardo Pérez – Rasilla
Copyright©pérezrasilla


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Última actualización el Martes, 04 de Mayo de 2010 12:38
 
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